No estoy seguro si yo sería capaz de romper un espejo. Es de arriesgarme a tener siete años de mala suerte es lo que me hace dudarlo. Pero en realidad no tengo necesidad de romperlo. Tampoco creo que rezándole a Dios todas las noches logre hacer que mi vida sea en algo mejor. Aún así tampoco me atrevo a dejar de hacerlo. Hoy menos que nunca
Pequeños escritos personales
Comentarios